miércoles, 4 de julio de 2012

Día 1.

En las noticias dijeron que iba a llover, pero no ha llovido. En lo alto brilla un sol redondo, resplandeciente, la gran sonrisa de un horizonte de aire y luz, listo para ser retratado por las manos ávidas de niños de preescolar. No hay ni una nube deambulando por el cielo: hoy es el día de suerte del mundo. Por supuesto, no ha caído ni una sola gota al suelo en todo el día, lo cual es normal si tenemos en cuenta el hecho de que llevamos ya dos meses con sequía.

La verdad es que siempre había pensado que si alguna vez contaba mi historia, sería al ritmo de una canción de McFly. La pondría de fondo, a un volumen cincuenta decibelios menos del que pondría normalmente, en el tocadiscos viejo, de plástico y a pilas que guarda mi madre en lo alto del armario. Elevaría la antena de la radio, aunque luego lo que sonara fuera un disco, y arrancaría del asa por trigésima vez esa estúpida pegatina de Bob Esponja que regalaban el año pasado en el Mc Donald. Luego me encerraría en la terraza, me pondría los cascos, me sentaría en el borde del balcón con las piernas colgando entre las barras de acero de la barandilla, y con el dedo índice de mi mano favorita pulsaría el botón del “play”, que lleva manchado de laca de uñas rosa desde las Navidades del año pasado. Y entonces comenzaría a sonar la música, y yo cerraría los ojos, y ese “better run for cover” se perdería tras mis párpados, al ritmo desenfrenado de mi respiración en los tímpanos…

Pero nada de eso ha sido posible.

Aquí estoy, sentada en mi escritorio, sin música, en silencio. ¿Qué digo? ¿Qué pienso? Tendría que llover pero no llueve. Tendría que querer salir a disfrutar del cielo azul pero aquí estoy, sola. Es la tarde más bonita de la historia, pero… no puedo salir fuera. No quiero que nadie me vea, ni que me miren, ni que me hagan caso siquiera. Hoy tengo ganas de no existir, porque no creo que haya nadie por ahí dispuesto a escuchar a una chica sin nada que decir.

¿Qué digo? Estoy atrapada en esta maldita habitación con las paredes rojas y el suelo a cuadros amarillentos. Estoy atrapada entre estas cuatro esquinas que me han visto crecer, y sobre las que de niña garabateaba caritas sonrientes. Estoy atrapada en una jaula de fotografías, llenas de caras, de sonrisas… Pero yo no salgo en ninguna de ellas.

No es justo, nada en absoluto. ¿Dónde está la lluvia? Tendría que llover, pero no llueve… Tendría que llover, pero ni siquiera el cielo está de mi parte.